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AGE - Paisajes Urbanos
     
  Paisajes Urbanos  
 

 

Desde hace varias décadas, la sociedad española está intensamente urbanizada. Según las estadísticas oficiales, en el inicio del siglo XXI el 76,4 % de la población española es urbana, por residir en un total de 650 municipios que cuentan con más de 10.000 habitantes, y son ya casi 16,5 millones los que viven en ciudades que superan los 100.000 residentes (40,3 %). Pero la influencia de la cultura, los modos de vida y las actividades tradicionalmente urbanas es muy superior, difundiéndose con mayor o menor intensidad por buena parte del territorio.

Las ciudades son una construcción social en el tiempo, que refleja en su morfología y estructura interna actual los avatares de ese proceso histórico. Los paisajes y el plano urbano son huellas visibles de su evolución, y permiten diferenciar una serie de unidades con características y dinamismo reciente muy heterogéneos.

Los centros históricos, testigos de la ciudad preindustrial, constituyen a menudo su principal elemento de identificación, y son depositarios de un rico patrimonio cultural heredado. Su trama y algunos de sus edificios se remontan, en ocasiones, al periodo medieval o incluso al romano, aunque sucesivas remodelaciones han alterado –a veces de forma irreversible- esa fisonomía. Sometidos a procesos de abandono y deterioro durante siglos, experimentan hoy procesos de revitalización económica y repoblación, a menudo apoyados por programas públicos tendentes a su rehabilitación y al uso de su patrimonio edificado para nuevas funciones. El casco histórico de Toledo, que mantiene las huellas de un largo proceso histórico de construcción y transformación, es buen exponente de esa situación, trasladable en algunos de sus rasgos a otras muchas ciudades.

En ciertos casos, incluso, la atonía de algunas de esas ciudades históricas – especialmente en las regiones del interior peninsular- las ha preservado como huella viva de un pasado que, ahora, se reutiliza como recurso específico capaz de impulsar una creciente actividad turística. Entre los Reales Sitios, la ciudad de Aranjuez (Madrid), joya del urbanismo barroco, ejemplifica perfectamente este tipo de evolución.

Los inicios de la industrialización y la instalación del ferrocarril acentuaron la emigración rural desde la segunda mitad del siglo XIX, e hicieron necesario –sobre todo en las principales ciudades de las regiones que se industrializaban y en la capital- desbordar sus anteriores recintos históricos, impulsando a veces el derribo de sus murallas. Los Ensanches son una respuesta planificada a esa necesidad, adosándose a la ciudad preindustrial pero con unas características claramente diferenciadas. El Ensanche de Barcelona, proyectado por Ildefons Cerdá, tiene un especial valor, no sólo por su dimensión y por ser el primero en aprobarse (1859) y fuente de inspiración para muchos otros, sino también por reflejar, como pocos, los principios racionalistas e higienistas que lo inspiraban, pese a sus importantes transformaciones ulteriores.

La historia urbana de la segunda mitad del siglo XX está marcada por un rápido crecimiento económico, reflejado en otro paralelo de las tasas de urbanización. Su consecuencia fue la construcción de sucesivas periferias residenciales, que en el caso de las grandes ciudades dieron paso a la formación de aglomeraciones metropolitanas. Entre los años 1950-1970, lo característico fue la construcción de grandes promociones inmobiliarias siguiendo los principios funcionalistas del open planning, con bloques en altura y manzana abierta, elevadas densidades y una calidad de viviendas y entornos a menudo deficientes, sobre todo en las promociones de vivienda social construidas por la iniciativa pública (Instituto Nacional de la Vivienda, Obra Sindical del Hogar…) en sucesivos planes de erradicación del chabolismo. A partir de la década de los ochenta, en un contexto político y socioeconómico diferente, el crecimiento de las ciudades se refleja, sobre todo, en una expansión suburbana de baja densidad, con viviendas aisladas, adosadas, pareadas, etc., que desplazan el perímetro urbano a distancias cada vez mayores del centro, y que son fiel reflejo del cambio en las estrategias inmobiliarias, las demandas ciudadanas y el planeamiento. Algunos sectores residenciales de la periferia urbana de Barcelona identifican, en el diseño urbanístico de los barrios y la morfología de sus edificios, las principales etapas de esa evolución.

No obstante, esas extensas periferias urbanas, exponente de la llamada ciudad difusa, no sólo albergan funciones residenciales, sino que también acogen un creciente número de actividades, que abandonan las áreas centrales por sus crecientes costes, la congestión del tráfico y otra serie de externalidades negativas derivadas de las altas densidades y de la inadecuación de sus infraestructuras. La proliferación de áreas de actividad en forma de polígonos y parques industriales, parques empresariales de oficinas, parques comerciales y de ocio, parques tecnológicos, etc., son su manifestación evidente. El Campo de las Naciones, en la periferia nordeste de la ciudad de Madrid y muy próximo al aeropuerto de Barajas, aporta un ejemplo significativo de una de esas promociones unitarias destinadas a crear nuevas áreas de centralidad. El Parque Tecnológico de Andalucía, en la periferia de Málaga, puede ser también un buen exponente de este tipo de espacios de actividad, aunque la información sobre el mismo se incluye en el apartado de espacios industriales.

Un último elemento que aún está presente en muchas ciudades españolas se identifica con las áreas de urbanización marginal e infravivienda. Pese a las décadas de campañas destinadas a esa erradicación del chabolismo ya mencionada, estos focos caracterizados por una urbanización mínima o inexistente, con déficit importantes en todo tipo de servicios, junto a viviendas autoconstruidas de muy baja calidad, resultan fenómenos todavía difíciles de eliminar. El barrio de El Salobral (expuesto en el módulo de “paisajes problema”), surgido de forma espontánea hace poco más de una década en el distrito de Villaverde, al sur de Madrid, pone el contrapunto a los ejemplos anteriores, aunque su comentario se integra dentro del apartado destinado a paisajes problema.

Todos los elementos anteriores se yuxtaponen e interrelacionan en el seno de las ciudades actuales, compuestas por piezas de un mosaico complejo y dinámico, construido en el tiempo, que la Geografía intenta comprender y describir, para colaborar así a dar respuesta a algunos de los problemas planteados. La ciudad de Gijón sirve aquí de ejemplo para mostrar cómo la historia urbana nos ayuda a entender la realidad presente de sus diferentes barrios.

PAISAJES URBANOS
Tipo Ejemplo Autores
  Presentación general Ricardo Méndez Gutiérrez del Valle
Consejo Superior de Investigaciones Científicas-IEG
Centro histórico Toledo (Castilla-La Mancha) Isabel del Río Lafuente
Universidad Complutense de Madrid
Ciudad histórica planificada Aranjuez (Madrid) Isabel del Río Lafuente
Universidad Complutense de Madrid
Ensanche decimonónico Barcelona-Ensanche (Cataluña) Pilar Riera Figueras
Universidad Autónoma de Barcelona
Periferias residenciales Barcelona-Periferia (Cataluña) Pilar Riera Figueras
Universidad Autónoma de Barcelona
Nuevos centros terciarios Madrid Isabel del Río Lafuente
Universidad Complutense de Madrid
Estructura y evolución urbana Gijón (Asturias) Felipe Fernández García
Universidad de Oviedo

 

 
Gijón (Asturias) Barcelona-Periferia (Cataluña) Barcelona-Ensanche (Cataluña) Toledo (Castilla-La Mancha) Madrid Aranjuez (Madrid)
   
Actualizado: 14/10/2011.
 
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