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El riesgo de Tsunamis en el mundo

18 de abril de 2005

El Tsunami de Indonesia del 26 de diciembre de 2004.

El terremoto de 9,0 grados de magnitud en la escala de Richter –el más potente de los últimos cuarenta años después del de Alaka de 1964 y el quinto desde 1900-, producido el 26 de diciembre de 2004 en Indonesia a las 07:58:53 hora local en el epicentro, generó un violento tsunami que  puede convertirse en la peor catástrofe natural de la historia, tanto por el número de fallecidos y desaparecidos, que ya contabiliza los 300.000 -tres cuartas partes de ellos en Indonesia-, como desplazados (se calcula más de un millón y medio) y afectados (entre 5 y 7 millones), así como también por los cuantiosos daños materiales producidos. Actualmente se le considera ya el tsunami más mortífero de todos los tiempos, quitando el dudoso honor del primer puesto en el ranking al ocurrido en 1703 en Awa, Japón, que causó alrededor de 100.000 víctimas. Presentamos un cuadro con los once terremotos  de mayor magnitud desde 1900 y que a su vez también originaron tsunamis.

    

  Fuente: http://www.neic.usgs.gov

 

El Terremoto 

La causa que produjo este violento sismo estuvo en el choque entre las placas tectónicas Euroasiática e Indoaustraliana cuyo contacto discurre al sur de la costa de Indonesia, donde estuvo localizado el epicentro del sismo (3.316ºN y 95.853ºE) en el fondo del Índico, a 30 kilómetros de profundidad y  a unos 250 kilómetros del extremo noroeste de la costa de la isla de Sumatra en la provincia de Aceh, la conocida ya como “zona cero”y que ha quedado dañada en más de un 40%. Más exactamente, y dada la complejidad tectónica de la zona, el terremoto se produjo en el contacto entre la placa de la India y la microplaca birmana, ambas situadas en el margen de la placa euroasiática en su límite occidental y bordeado por la fosa de subducción de Sonda. La liberación de la tensión se produce por la circunstancia de que la placa India, encajada entre las placas australiana, africana, arábiga y euroasiática tiende a introducirse bajo la microplaca Birmana, limitada al este por la microplaca de Sonda, formando el “cinturón de fuego” del Índico, asiento de numerosos volcanes y movimientos sísmicos en la zona.

                      Fuente: http://www.earhtquake.usgs.gov

Por tanto, es la subducción de la placa India bajo la microplaca Birmana la responsable del sismo del 26 de diciembre de 2004. Se calcula que una extensión de 1.200 kilómetros se deslizaron 15 metros a lo largo de la zona de subducción y que se produjo un levantamiento vertical de unos 10 metros de la placa Birmana sobre la placa India, lo que causó un tren de ondas expansivas en el océano que viajaron a través del mismo a grandes velocidades. Dada la extraordinaria magnitud del sismo ( se estima una energía liberada equivalente a la detonación de varias bombas atómicas, unos 32.000MT), el número de réplicas que se han producido y se siguen produciendo son muy numerosas, algunas de magnitud cercana al grado 7.

Varias islas del Índico se han desplazado desde pocos centímetros hasta algunos metros, como así parece en la isla de Sumatra, al removerse el lecho marino cerca del epicentro.  Según el Instituto Tecnológico de California se han identificado movimientos sobre la línea de falla de hasta 10 metros lateralmente y entre 4 y 5 verticalmente, lo que provocó el empuje y desplazamiento del agua del océano hacia arriba generando las olas que barrieron toda la región. Científicos británicos han dado a conocer imágenes tridimensionales del lecho oceánico captadas cerca del epicentro del terremoto, elaboradas por el barco de investigación HMS Scott, de la Marina Real de Gran Bretaña, equipado con modernos instrumentos que utilizan las ondas sonoras. Su objetivo es trazar un mapa del fondo marino a unos 150 kilómetros de la costa de Sumatra. Las primeras imágenes del lecho marino afectado por el terremoto muestran grietas de varios kilómetros en el fondo del Océano Índico, así como corrimientos de tierra submarinos.

 Los resultados del estudio proporcionarán información importante sobre el terremoto y podrían ayudar a evaluar la futura actividad sísmica de acuerdo con la tectónica del área. Además, estas imágenes pueden ayudar a saber dónde ubicar monitores del lecho marino y que son un paso hacia la construcción de modelos para entender mejor los terremotos y tsunamis, y también ayudará a diseñar el sistema de alerta temprana para prevenir tsunamis que se planea instalar en la región.

El terremoto indonesio ha sido de tal magnitud que científicos de la NASA calculan que  ha podido cambiar ligeramente la forma de nuestro planeta disminuyendo su achatamiento en los polos, lo que causa una ligera alteración sobre la velocidad de rotación de la tierra que reduce en casi 3 microsegundos la longitud del día, y ha desviado el Polo Norte unos 2,5 centímetros en dirección 145º longitud este, al bascular el eje terrestre. Es decir, la tierra es más esférica y gira un poco más rápido.

El tsunami y sus características

El tsunami generado se desplazó a una velocidad media de 500 Km por hora por el Índico devastando las costas de Indonesia ( donde se contabiliza cerca de la mitad de todas las víctimas), Tailandia (con la mitad de todos los turistas fallecidos en las paradisíacas playas de Pucket y Phi Phi), India, Malasia, Myamar, Bangladesh, Sri Lanka e islas Maldivas, llegando incluso hasta las costa oriental de África, en Somalia, Kenia y Tanzania a unos 6.000 kilómetros de distancia. La cadena de islas de Indonesia y el continente australiano sirven a modo de barrera que impiden que las olas originadas en esta zona del Índico penetren con energía significativa en el océano Pacífico, pero aún así existen registros del tsunami en la costa oeste del Pacífico en Chile (25 cm), en California (22 cm), Hawai (6 cm), Nueva Zelanda (65 cm), el Callao en Perú (50 cm), e incluso los mareógrafos de los puertos registraron fluctuaciones en el oleaje de hasta 73 cm a 8.900 Km del epicentro en la Antártida. Destaca la altura de la ola que se registró en Manzanillo en Méjico que llegó a 2,6 metros debido a efectos causados por la geografía costera local que amplió su tamaño.

El tamaño de las olas en las costas del Océano Índico más próximas, se estima en torno a 10 ó como mucho 15 metros dependiendo de los sectores de costa, y el número de olas que se presentaron sucesivamente fue de tres. La inundación de las aguas tierra adentro llegó hasta 2 km hacia el interior en algunos lugares, y en otros de forma extraordinaria, se calcula hasta 12 Km, con lo que algunas islas de pequeño tamaño quedaron totalmente cubiertas y otras han desaparecido, como es el caso de algunas islas del archipiélago de Andamán, Nicobar y de las Maldivas, por lo que será necesario elaborar nuevos mapas de los archipiélagos. Grandes extensiones de terreno quedaron inundadas temporalmente.

La llegada del tsunami a los distintos lugares osciló entre veinte minutos y media hora para las costas de Banda Aceh en el noroeste de Sumatra  -la más próxima al epicentro-, y las seis-siete horas para la costa oriental africana, tiempo en el primer caso demasiado escaso para poder haber dado la alerta de la llegada del tsunami. La velocidad en el desplazamiento estuvo condicionada por las condiciones de la plataforma del mar de Andamán con los archipiélagos de Andamán y Nicobar que frenó algo la velocidad, por lo que a las costas de Tailandia llegó dos horas más tarde y a las costas orientales de la India y a Sri Lanka entre noventa minutos y dos horas, tiempo más que suficiente para haber podido dar la alerta y salvar a muchas personas, y mucho más aún las seis-siete horas que tardó en llegar a Somalia. Muchas vidas se hubieran salvado con un sistema de alerta de tsunamis del que carecían.

              La llegada del tsunami a un hotel de Penang en Malasia

El tsunami también fue observado en Australia, Madagascar, islas Mauricio, islas Seychelles, Omán, isla de la Reunión y Sudáfrica pero sin sufrir casi ninguna víctima.

Los efectos y daños del Tsunami de Indonesia, han podido ser  evaluados en parte gracias a las imágenes de los satélites que permitirán  estimar las necesidades de reconstrucción y rehabilitación de ciudades, terrenos agrícolas y manglares, así como de la infraestructura costera, ya que la mayor parte de la población ha perdido su medio de subsistencia en la industria pesquera y en la agricultura que ha quedado  destruida en un 66%. Cientos de hectáreas de granjas piscícolas  y de camarones fueron arrasadas.  Se calcula que el sector pesquero ha sufrido pérdidas de hasta 520 millones de dólares. Gracias a estas imágenes la FAO está elaborando un Atlas de las zonas afectadas por el tsunami, ayudados también por mapas topográficos anteriores al desastre y gracias a la tecnología del  Sistema de Información Geográfica.

 Los daños en el medio ambiente y los ecosistemas  en Las Maldivas, Sri Lanka e Indonesia son incalculables, ya que tanto los arrecifes de coral como los manglares fueron destruidos y éstos constituían terrenos vitales para la alimentación y la reproducción de la vida marina. Se calcula que destrozó más de 28.000 hectáreas de arrecifes y arrancó unas 25.000 de manglares. Paradójicamente, los arrecifes que circundan todas estas islas, actuaron a modo de parapetos que amortiguaron el impacto de estas olas gigantes evitando una destrucción mayor, aunque algunas de las islas del archipiélago de las Maldivas  han desaparecido bajo las aguas. Pasará mucho tiempo para que los arrecifes de coral  destrozados y los manglares arrancados de cuajo vuelvan a crecer, y se hace del todo necesario proteger y recuperar estas barreras naturales, para lo que a medio plazo tendrán que crearse  planes para la repoblación de manglares y arrecifes coralinos. Según un cálculo realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el gobierno indonesio, los daños se elevan a unos 520 millones de euros.

Las aguas también inundaron cultivos destruyendo cosechas de arroz a lo largo de la franja costera desde Indonesia hasta la India, arruinando los equipos de irrigación y drenaje y depositando sales en la tierra cultivable hasta un kilómetro y medio tierra adentro, y contaminando el agua de numerosos pozos para consumo humano y para el riego. 

El sector turístico, importante fuente de ingresos para estos países, se ha visto también muy gravemente dañado con la destrucción de hoteles y zonas turísticas y seriamente comprometido por la muerte de unos 9.000 turistas, en su mayor parte europeos y de éstos muchos escandinavos, (unos 1.400 suecos) entre fallecidos y desaparecidos. Se ha identificado a un fallecido español.  Ya se considera la peor catástrofe jamás registrada en la historia del turismo en el mundo por el elevado número de turistas y empleados afectados, así como por los daños en sus instalaciones.  Hay quienes consideran que sus efectos y repercusiones pueden ser superiores a las ocurridas tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, en los Estados Unidos. Lo más terrible es pensar en que nunca sabremos con exactitud el número de víctimas porque muchos nunca podrán ser encontrados.

       La llegada del tsunami a un complejo hotelero en Pucket (Tailandia)

La Organización de las Naciones Unidas ha anunciado que está desarrollando un sistema provisional de alerta de tsunamis en el Océano Índico, que podría entrar en funcionamiento casi inmediatamente, a la espera de que se establezca una red definitiva. Con este sistema provisional, la Agencia Meteorológica Japonesa y el Centro de Advertencia de Tsunamis del Pacífico (IOC) de Hawai, facilitarán a las autoridades nacionales del Océano Índico cualquier información o advertencia relacionadas con este fenómeno.

Banda Aceh en el noroeste de Sumatra antes del Tsunami


 

Banda Aceh en el noroeste de Sumatra después delTtsunami

Pero en el Océano Índico, aunque no es la principal zona tsunamigénica del Planeta, también en él se han producido en el pasado algún que otro tsunami de devastadoras consecuencias. El más importante de todos fue el que se produjo como consecuencia de la explosión paroxísmica del volcán Krakatoa en el año 1883.

La isla de Krakatoa y su extensión actual

tras la erupción del volcán en 1883

Fuente: George Pararas-Carayannis: The great tsunami of August 26,1883 from the explosion of the Krakatau Volcano in Indonesia”, en, “Some of the world´s Greatest Disasters” (en preparación).

El tsunami originado por la explosión y colapso del volcán Krakatoa, pequeña isla volcánica situada en el suroeste de Indonesia, en el estrecho de la Sonda, entre Java y Sumatra, se produjo el 26 de agosto de 1883. Hasta ese día la isla tenía una extensión de unos 47 km2, pero en esa fecha, una erupción  del volcán que se había manifestado de manera intermitente desde el 20 de mayo, culminó con una serie de cuatro violentas explosiones que destruyeron la mayor parte de la isla. La caída al océano de la ingente masa de materiales y del propio edificio volcánico provocó un terrible tsunami con olas de hasta 35 metros de altura que recorrieron distancias de hasta 13.000 km. Las gigantescas olas causaron la muerte de unas 36.000 personas en las costas de Java y Sumatra, y destruyeron una cantidad incalculable de propiedades, entre una y dos horas después. Las corrientes de aire esparcieron la roca expulsada en forma de polvo fino por toda la atmósfera superior y se considera que provocaron una bajada global de las temperaturas. Aún tres años después, describían observadores de todo el mundo el crepúsculo y el alba de brillante colorido producidos por la refracción de los rayos solares en esas partículas minúsculas. En 1927 comenzaron nuevas erupciones volcánicas en el fondo del mar, del que surgió una nueva isla en el mismo lugar conocida como ANAK Krakatoa (hijo de Krakatoa). Esta isla sobrepasó la superficie del mar en 1928 y en 1973 ya alcanzaba una altura de  190 metros. Hoy la isla está deshabitada.

La mayoría de las olas sísmicas que aquí se originan están relacionadas con la región del arco indonesio de elevada sismicidad y actividad volcánica, mientras que por el contrario pocas son debidas a sismos localizados en las costas adyacentes a la bahía de Bengala, Mar Arábigo y sudeste de África y costa occidental de Australia. Los tsunamis generados y registrados en esta zona tienen normalmente un carácter local y raramente se propagan a áreas alejadas. Excepcionalmente se pueden registrar olas sísmicas procedentes de fuentes lejanas, o en todo caso, de la vecindad del Índico, así como algunas pueden propagarse hasta zonas muy alejadas, como es el caso del tsunami del 26 de diciembre de 2004.

Un terremoto con epicentro al norte del Mar Arábigo en el Golfo de Omán en 1945 y que originó un importante tsunami, fue considerado por algunos como la confirmación parcial de la hipótesis del geólogo austriaco Eduard Suess, sobre el origen del acontecimiento bíblico del Diluvio. Según Suess, el Diluvio pudo haber sido debido a una ola gigante que devastó el llano del bajo Eúfrates, desencadenada, bien por un violento sismo, bien por la caída de un meteorito, ambos en el Golfo Pérsico (Rothé, J.P. 1946; Beminghausen, Wm. H. 1966).

           

El fenómeno natural de los tsunamis

Afortunadamente los grandes tsunamis son poco frecuentes en general en el mundo, lo que lleva a pensar erróneamente que el peligro real que los mismos representan no es muy grande, aunque precisamente éstos, los de gran tamaño, son los más necesarios de ser previstos por sus catastróficas consecuencias. Los tsunamis –aunque escasos- resultan sin embargo aterradores en razón de su inevitabilidad. Una persona a quien un tsunami sorprenda desprevenida no tiene posibilidad real de salvarse. Además, con el continuo incremento de la población y de los asentamientos costeros estos daños irán aumentando, si no se adoptan medidas para perfeccionar los sistemas de prevención y alerta frente a los tsunamis u otras medidas de protección.

Tsunami, (que literalmente significa, “tsu” puerto y “nami” ola), es una palabra japonesa que viene  a designar las grandes olas que llegan a los puertos y playas, ocasionadas por diferentes mecanismos en el basamento marino, y que producen enormes daños. En 1963 en el transcurso de una Conferencia Internacional convocada como respuesta al gran tsunamis de Chile de 1960, se acordó la utilización de este término en todos los idiomas para designar a este fenómeno, palabra que aparece debajo de estas líneas.

En los países de habla hispana se suele utilizar la palabra maremoto, que no significa exactamente lo mismo, ya que ésta sólo supone un movimiento del mar causado por violentos terremotos (de al menos 6.5 grados y superficiales), erupciones volcánicas, deslizamientos de tierras, explosiones nucleares submarinas o caídas de meteoritos, pero cuyas ondas de condensación así generadas en torno a la fuente (el maremoto propiamente dicho) pueden no progresar adecuadamente y por tanto no llegar a la costa, que es cuando exactamente hablaríamos de tsunami. Por tanto, los tsunamis son un fenómeno eminentemente costero, es decir, que se manifiesta y registra en las costas, tanto con varios metros como con pocos centímetros registrados en los mareógrafos.

No todos los sismos submarinos -por otra parte el principal mecanismo generador-, producen tsunamis, aunque éstos suelen ser los de mayor tamaño. Se piensa que el principal mecanismo capaz de generar tsunamis de mayor tamaño, son los dislocamientos tectónicos acompañados de desplazamientos de grandes extensiones del fondo  del océano, producidos por terremotos cuyo hipocentro está situado en el basamento marino. Estos desplazamientos –que según parece tienen una substancial componente vertical-, están provocados por un movimiento de “tipo pistón” de los fondos marinos . De acuerdo  con esta teoría, en el curso de terremotos oceánicos de gran magnitud es posible que se produzcan desplazamientos rápidos ascendentes y descendentes, que pueden ocasionar modificaciones bruscas del fondo del océano y que desequilibran la columna de agua tiene encima generando ondas solitarias que se propagan al exterior de la fuente del tsunami.

Parámetros de un tsunami 

Estas olas -ondas gravitacionales de largo periodo, no dispersivas- así formadas, en alta mar pueden pasar desapercibidas ya que en la fuente tiene entre medio y un metro de altura y con una longitud de onda  de centenares de kilómetros, desplazándose a una velocidad  que puede alcanzar los 750 kilómetros a la hora, en relación a la profundidad y el relieve submarino que encuentre en su desplazamiento, lo que explica que crucen un océano de un extremo a otro. A medida que se acercan a la costa y al entrar en la plataforma continental disminuye la longitud entre olas consecutivas, así como su velocidad, mientras que aumenta considerablemente su altura en función de la disminución de la profundidad, pudiendo alcanzar los 30 metros de altura.

Las  olas conservarán toda su energía mientras no rompan en la costa. La disipación de la energía cerca de la costa dependerá de las características del relieve submarino que encuentre, y cuanto más abrupta sea la costa más altura alcanzará pero se presentará como una onda plana. Esto quiere decir, que la forma como rompe la ola depende de la relación longitud de onda (espacio entre dos crestas consecutivas de la ola) que se acorta y la altura que se eleva y lo hace adentrándose tierra adentro como una gran marea aunque a su llegada no tuviera mucha altura. La ola es mucho más de lo que se ve. Arrastra una masa de agua mucho mayor que cualquier ola convencional generada por el viento, por lo que el primer impacto del frente de la onda viene seguido del empuje del resto de la masa de agua perturbada, que presiona haciendo que el mar se adentre más y más en la tierra.

Por esto, la mayoría de los tsunamis son vistos más como una poderosa pared de agua a modo de una riada en la cual es el mar el que inunda la tierra y lo hace a gran velocidad. Al llegar a la costa esta pared de agua se abate y desliza con extraordinaria rapidez  y fuerza hacia el interior de la tierra, si no existe obstáculo físico que se lo impida, y es la responsable de los mayores destrozos junto con el descenso rápido del agua a modo de reflujo hacia la orilla, lo que termina por incrementar todavía más los daños. A esta elevación alcanzada por las aguas en la playa por encima del nivel de la marea, se la denomina amplitud de inundación tierra adentro y esto es lo que permite clasificar el tamaño de los tsunamis. Quien estando en la playa vea llegar las olas no tiene ya tiempo posible para escapar.

 

Esquema de la llegada de un tsunami

 Ahora bien, existen unos efectos anteriores que podrían considerarse “precursores” de la llegada del tsunami y conocerlos puede salvar la vida de muchas personas. El más común y llamativo es la retirada del agua de la costa centenares de metros a modo de  una rápida marea baja, como consecuencia del desequilibrio que se ha originado en la fuente con el desplazamiento vertical de una parte importante del fondo marino ocasionado por un terremoto. Desde entonces hasta que llega la ola principal pueden pasar entre cinco y diez minutos, tiempo posible para escapar a toda velocidad hacia los lugares más elevados. A veces, antes de llegar la cadena principal de olas pueden aparecer microtsunamis de aviso. Así ocurrió en las costas de Sri Lanka donde minutos antes de la llegada de la ola fuerte, pequeños tsunamis entraron unos cincuenta metros playa adentro provocando el desconcierto entre los bañistas antes de que se les echara encima la ola mayor. Según algunos testimonios “se vieron rápidas y sucesivas mareas bajas y altas, luego el mar se retiró por completo y sólo se sintió el estruendo atronador de la ola que venía”. En el tsunami de Indonesia una niña inglesa que había estudiado este fenómeno en el colegio alertó a las personas que estaban en la playa y así pudieron ponerse a salvo.

Las zonas tsunamigénicas del Planeta

Debido a la estrecha relación existente entre los movimientos sísmicos y los tsunamis, tal y como muestran las investigaciones realizadas, las principales zonas tsunamigénicas coinciden con las áreas sísmicas oceánicas y costeras más activas. Los estudios indican que los tsunamis son debidos, principalmente, a sismos cuyos epicentros se localizan en fosas oceánicas próximas a las costas, donde las placas de la litosfera chocan frontalmente de modo que una de ellas es empujada bajo la otra originando un infracabalgamiento y denominadas zonas de subducción. Tal situación se presenta especialmente en la faja circumpacífica, en el arco insular aleutiano junto a Alaska, en las Kuriles-Kamchatka, en Japón y en la costa de Chile y Perú, en el Océano Pacífico, que se convierte en la principal zona tsunamigénca del planeta y donde se contabilizan el 80% de los tsunamis producidos en el mundo siendo además  los que mayor tamaño llegan a alcanzar.

Por el contrario, en el Océano Atlántico se producen fundamentalmente en la zona de contacto de las placas africana y euroasiática junto a la línea de fractura de Azores-Gibraltar y en la zona sísmica de la región del Caribe a lo largo de Cuba y las Antillas de donde sólo se registran el 10% de todos los tsunamis en el mundo. El Atlántico tampoco cuenta con un sistema de alerta y aviso de tsunamis.Uno de los tsunamis más conocidos y de mayor tamaño es el que se produjo como consecuencia del llamado Terremoto de Lisboa el 1º de noviembre de 1755 y que inundó las costas del sur de Portugal y del suroeste de España, ampliamente estudiado por la autora de este trabajo. El otro 10% se registra en el Océano índico en la zona que se ha señalado más arriba.

La zona mediterránea se considera como la prolongación de la correspondiente al área símica de la línea Azores-Gibraltar y el mar de Alborán, cuyos sismos frente a la costa de Argelia producen tsunamis de pequeño tamaño que se pueden observar en las costas del este peninsular y en las islas Baleares. El último tuvo lugar el 21 de mayo del año 2003 y olas de dos metros se sintieron en el puerto de Mahón en la isla de Menorca causando daños a los barcos que allí se encontraban. También en el Mediterráneo oriental en las aguas que bañan las penínsulas de Italia y Grecia, se han observado en tiempos pretéritos algún tsunami importante como el ocurrido en  el año 1470 antes de Cristo, cuando la explosión -aún mayor que la posterior del volcán Krakaoa-, de la antigua isla volcánica de Thera (actual Santorini) en el mar Egeo, destruyó por completo con olas de hasta 50 metros la ciudad que allí se situaba llegando las olas hasta Creta situada a una distancia de unos 105 kilómetros y que quedó totalmente arrasada. Según consideran algunos historiadores, este tsunami fue el responsable de la destrucción y fin de la civilización minoica. Se contempla la posibilidad de establecer un sistema de aviso y alerta de Tsunamis con el que actualmente tampoco cuenta.

Otro tsunami destructor y muy importante fue el producido el 28 de diciembre de 1908 en el estrecho de Messina. (Tinti, S. y Guiliani, D, 1983)

Los sistemas de alerta y aviso de tsunamis

Predecir estos fenómenos no es hoy por hoy totalmente posible, aunque sí sabemos con bastante exactitud los lugares de la tierra susceptibles de sufrir movimientos sísmicos, es decir sabemos dónde pero no cuándo. Pero en el caso de un tsunami es más predecible ya que después de sentir un fuerte terremoto, conociendo la localización de epicentro y la magnitud del mismo, se puede evaluar la posibilidad de su generación. En ese caso la Red del sistema internacional de alerta y aviso comunica a los  países ribereños la posible llegada del tsunami y la hora calculada para que la población se ponga a salvo, lo que no existía en el Índico, aunque si en el Pacífico habida cuenta que  es la cuenca oceánica donde se registran el 80% de todos los tsunamis en el mundo.

A partir de 1950 se establecieron sistemas regionales de alerta y aviso  contra los tsunamis en Japón, EE.UU y la U.R.S.S. Hoy día existen también sistemas de alerta y aviso de tsunamis de ámbito regional en Alaska y Hawai.

 El sistema de alerta de tsunamis norteamericano surgió a raiz de la catátrofe del 1º de abril de 1946 y se perfeccionó tras el tsunami del 23 de mayo de 1960, los cuales  causaron grandes destrozos en Hilo en la isla de Hawai en el Pacífico. Este Centro de Prevención de tsunamis en el Pacífico (Pacific Tsunami Warning Center,) se estableció en 1949 y actualmente constituye un Sistema Internacional del que forman parte todos los países ribereños del Pacífico y cuyo centro se encuentra en Honolulu. Presta servicio a veintiséis naciones y dispone de unos sensores submarinos que miden las olas y de balizas en la superficie que transmiten datos vía satélite al centro.

La NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) de EE.UU, cuenta con un dispositivo de detección de tsunamis propio. El proyecto DART (Deep Ocean Assesment and Reporting of tTunamis), es el sistema norteamericano de evaluación y detección de tsunamis, y forma parte del programa norteamericano de prevención frente a este tipo de fenómenos.

 

Sistema de alerta de tsunamis

A raíz de la última Conferencia Mundial sobre Reducción de Desastres celebrada del 18 al 22 de enero de 2005 en Kobe (Japón) y programada por la ONU, se ha acordado establecer un sistema de alerta rápida de tsunamis en el Índico, similar al que da cobertura a veintiséis naciones del Pacífico, y que estará listo en 12 o 18 meses a lo sumo, a cargo de la UNESCO y con la ayuda financiera de la UE  Japón y China,  principalmente, con unos costes estimados entre 50 y 60 millones de dólares. Este centro se encargará también de analizar los datos y la información procedente de las oficinas nacionales y del mantenimiento del sistema cuyo coste anual se calcula en unos 30 millones de dólares. La discusión actual se centra en cuál va ser la ubicación del centro regional de alarma de tsunamis, discusión que se inició a finales de enero de 2005 en una reunión en Pucket, Tailandia, y por la que compiten todos los países que se han visto afectados por el tsunami del 26 de diciembre de 2004.

 

Simulación de la propagación del Tsunami

 

Bibliografía:

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CATALÁN, M.; BOLOIX, M. Y VALENZUELA, J. (1979): “Propagación de maremotos en la región de Azores-Gibraltar”, Inst. y Observ. de la  Marina, San Fernando; II Asamblea nacional de Geodesia y Geofísica, I.G.N., Madrid, T.I, pp.419-438.

ROTHE, J.P. (1946): “Le seisme de 27 November 1945 et l´hypothése de Suess sur la cause du deluge2, comp.. Rendus Acad. Sci. ,parís, 222, pp.301-302.

SOLOVIEV, S.L. (1980): “Tsunamis”, en: VV.AA. Terremotos. Evaluación y mitigación de su peligrosidad, Parte I, Cap. 5, Ed. Blue, pp.124-147.

TINTI, S. y GUILIANI, D, (1983): “The Messina Straits tsunami of December 28, 1908: a critical review of experimental data and observation”, en: II Nuovo Cimento, Vol. 60, Nª 4, pp. 429-442.

Enlaces de interés: 

nuevo The fate of coral reefs in the Andaman Sea, eastern Indian Ocean following the Sumatran earthquake and tsunami, 26 December 2004

http://www.earthquake.usgs.gov/bytopic/tsunami.html

http://www.geohazards.no/proyects/tsunami261204.htm

http://www.neic.usgs.gov/neis/bulletin/neic_slav_ts.html

http://eartobservatory.nasa.gov

http://www.gsi.org

http://www.prh.noaa.gov/itic

http://e.wikipedia.org/wiki/tsunami

 

 

María Lourdes Campos Romero

Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio

Facultad de Humanidades de Toledo

Universidad de Castilla-La Mancha

 

Actualizado: 12/02/06