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España ante la amenaza de la desertificación


Comentario

4 de febrero de 2004

       "...por 'desertificación' se entiende la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas;

por 'lucha contra la desertificación' se entiende las actividades que forman parte de un aprovechamiento integrado de la tierra de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas para el desarrollo sostenible..."

CCD, Artículo 1

Desertificación, término complejo controvertido y bastante discutido. Más de un centenar de definiciones, ninguna que caracterice plenamente el proceso de degradación. Diversas percepciones que depende de las situaciones económica, social, cultural, sanitaria, nivel de desarrollo calidad de vida, etc.

Tras el vocablo desertificación se esconde un conjunto de procesos interrelacionados (físicos, biológicos, económicos, históricos, sociales, culturales y políticos) que se  manifiestan a diferentes niveles de resolución, tanto espaciales como temporales;

La desertificación implica el empobrecimiento y degradación de los ecosistemas terrestres por sobreexplotación uso y gestión inapropiados en territorios fragilizados por las sequías  y la aridez. La desertificación es, a la vez, una crisis climática y socioeconómica que desencadena nuevos mecanismos de degradación ambiental que dificulta o impide  el uso y la conservación sostenible de los recursos naturales;

Desertificación es  proceso de simplificación ecológica, porque genera aridez.  La reducción de la biomasa altera el régimen y disponibilidad hídrica, al tiempo que aumentan la erosión y el déficit hídrico. Las causas hay que buscarlas en la acción sinérgica de un conjunto de procesos climáticos, geomorfológicos y antrópicos (Fig. 1), difícil de frenar que refuerza o amplifica mecanismos naturales a  causa de la intervención humana.

Fig. 1.     La desertificación es la respuesta a la acción combinada de tres grandes grupos de factores pero, sobre  
               todo, a la acción humana.
Es el resultado de cientos, miles de decisiones económicas, tecnológicas,  
               políticas

La desertificación, degradación de la tierra en regiones áridas y semiáridas  ocasionada por factores climáticos y antrópicos, estadio final de un conjunto de procesos que hacen perder al suelo su valor y  funciones, es un fenómeno que la comunidad internacional venía reconociendo, desde mediados del pasado siglo como un problema ambiental, económico y social mayor que afecta a numerosos países de todas las regiones del mundo y, entre ellos a buena parte de España.

Principales escenarios de riesgo de desertificación en España

De todos los países de la ribera N del Mediterráneo, España es el que más condiciones reúne para haber registrado la desertificación a lo largo de la historia. Los  ecosistemas y agrosistemas  más vulnerables y con mayor riesgo son:

§         Cultivos leñosos: olivar, almendros y  viñedo (Fig.2);

Fig. 2.     El viñedo registra un notable riesgo de desertificación por erosión, especialmente, cuando el cultivo se realiza en laderas con pendientes acusadas.

§        Cultivos extensivos de secano: rotaciones cereal/girasol-barbecho en donde se realiza  la  quema de rastrojeras y  se  laborea en pendiente;

§        Donde se han practicado y se practican roturaciones de tierras marginales;

§        En  aquellos sistemas de regadío que han generado una sobreexplotación de las aguas subterráneas y utilizan aguas de elevada conductividad (Fig.3)

Fig. 3.     Actualmente, uno de los más importantes riesgos de desertificación es debido a la  salinización del suelo. Se registra en las tierras de regadío  (tradicional y moderno) que utilizan agua con elevado contenido en sales.

§ En los sistemas agro-silvo-pastorales  afectados por sobrepastoreo;

§         En áreas que han registrado incendios reiterados;

§       En terrenos con formaciones de matorrales degradados y          eriales;

§         En los territorios que registran fuerte tensión hídrica y en donde la desruralización ha ido acompañada del abandono de las prácticas de conservación del suelo;

§        Determinados sistemas de regadío por aspersión, pivots… que “lavan” excesivamente el suelo de finos y nutrientes;

La  erosión del suelo es un destacado proceso de pérdida de suelo y, correlativamente, de desertificación en España. Por Comunidades Autónomas la situación se expresa en la Fig. 4.

El Convenio de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación

En 1977, en Nairobi (Kenya), las Naciones Unidas convocaron la  primera Conferencia sobre Desertificación (UNCOD). En esta conferencia se  detectó la gravedad del proceso de degradación  y se realizó una primera cartografía de las regiones afectadas, además de realizar una primera identificación de  las causas y efectos. En 1992, en Río de Janeiro (Brasil), las delegaciones de los países  participantes en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo y Medio Ambiente (UNCED), reconocieron la dimensión global del problema y la necesidad de una movilización general para combatir el fenómeno de degradación de la tierra. Para ello, acordaron  la elaboración de un Convenio Internacional para Combatir  la Desertificación (CCD). El Convenio fue formalmente aceptado en Junio de 1994. Entró en vigor en diciembre de 1996 al ser ratificado por más de 50 países. El Convenio tiene carácter vinculante para los países que lo han ratificado.

De modo global, los resultados más relevantes del Convenio son (CCD,1994):

·        Considera a la desertificación como uno de los más graves problemas ambientales y una seria amenaza para la fertilidad de la tierra;

·       La aprobación de definiciones comunes para términos clave como: desertificación, sequía, mitigación de los efectos de la sequía, tierra, degradación de la tierra, zonas afectadas, zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, organización regional de integración económica, etc.;

·      Define la desertificación como la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas a causa de la variabilidad climática y actividades humanas;

·       Establece que los países afectados elaboren y ejecuten Programas de Acción nacionales y subregionales, para ser aplicados en el marco de un proceso participativo permanente (poblaciones locales afectadas y ONGs);

·      Considera a la ciencia y a la tecnología como vitales herramientas en la lucha contra la desertificación. El estudio de las causas e impactos de la desertificación requieren la cooperación, observación e investigación científica internacional.  Ciencia y tecnología pueden responder a las necesidades de los pueblos afectados;

·       Considera que la desertificación es, fundamentalmente, un problema de desarrollo sostenible. Es un problema de pobreza y bienestar humano, así como de preservar el medioambiente.

·      Considera  que cuantiosos recursos financieros deben ser canalizados e invertidos eficientemente. Fondos nacionales de los países afectados deben ser considerados, pero los programas bilaterales de asistencia y las agencias internacionales deben suministrar recursos financieros importantes: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.

·      La Convención establece un número de instituciones y procedimientos para la acción internacional. La más  importante es la Conferencia de las Partes que incluye todos los países que hayan ratificado el Convenio. Por otro lado, la Convención  establece un Secretariado permanente, una Comisión de Ciencia y Tecnología y una Red de Instituciones y Órganos  existentes y otros de nueva creación. En esta línea, en 1995, la Unión Europea decidió crear una Red de Información sobre la Desertificación, en el marco del programa CEO (Center for Earth Observation). Esta red cubrirá los temas relacionados con la desertificación y la gestión ambiental en África y en la Cuenca Mediterránea.

·      Por último, subrayar que el Convenio sobre Desertificación se distingue de otros Convenios, por el potencial grado de participación, ya que aparecen explícitamente consideradas y referenciadas las poblaciones y comunidades locales, así como las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Esto constituye un reto ya que nunca habían sido citadas en un texto jurídico de este orden y por los Estados que deben aplicar estas resoluciones.

El Convenio exhorta a los países afectados a elaborar Programas de Acción Nacionales y Subregionales de Lucha contra la Desertificación, para ser aplicados en el marco de un proceso participativo permanente. Estos Programas deben incluir acciones de protección de los recursos naturales y otras de carácter socio-económico tales como: ordenación del territorio, prácticas agrarias, producción alimentaria, comercialización de los productos agrícolas, actividades productivas alternativas, desarrollo rural integrado, etc.

El  Anexo IV  de aplicación regional para el Mediterráneo Norte

El Convenio trata de ponerse en práctica mediante la adopción de Programas de Acción, cuyos objetivos y contenidos científicos  específicos se detallan en los cuatro anexos de aplicación regional: I África; II Asia; III América Latina y el Caribe y IV el Mediterráneo Norte. En ellos se señalan directrices y disposiciones para la aplicación práctica y efectiva del Convenio en los países afectados, en el caso del Mediterráneo europeo, en función de las condiciones particulares  por sus:

·      Condiciones climáticas semiáridas que afectan a amplias zonas, sequías estacionales y plurianuales, extrema variabilidad de las precipitaciones y lluvias súbitas de gran intensidad y capacidad erosiva;

·      Por la existencia de amplias superficies con suelos pobres con marcada tendencia a la  erosión y propensos a la formación de costras superficiales;

·      Por su relieve desigual y escarpadas laderas;

·      Por las grandes pérdidas de cubierta vegetal  a causa de los  
    incendios;

·      Por la crisis de la agricultura tradicional, el abandono de tierras y  
    cultivos y las prácticas de conservación de suelo y aguas;

·       Por la explotación insostenible de los recursos hídricos y los graves 
    daños ambientales que causa, y finalmente.

·      Por la concentración de la actividad  económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo y la agricultura de regadío.

Ante estas condiciones, el desarrollo y aplicación de planes y estrategias para combatir la desertificación, es una cuestión vital para el desarrollo durable de las poblaciones que habitan las áreas mediterráneas amenazadas, como es el caso de amplias zonas de España y Portugal.

El Plan de Acción  Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAND)

En España, la desertificación constituye uno de los más destacados problemas medioambientales, por ello,  tras  haber aprobado, firmado y ratificado el Convenio Internacional de Lucha contra la Desertificación, puso en marcha la redacción del Plan Nacional. El principal objetivo es el mismo del Convenio de N.U., es decir, luchar, prevenir, detener y mitigar los efectos de la desertificación y las sequías en las zonas afectadas mediante la adopción de medidas eficaces a todos los niveles y en el marco de un enfoque integrado, acorde con la Agenda 21 y con el fin de contribuir al desarrollo sostenible.

(a)   El alcance y determinación de las áreas de aplicación.

El alcance del PAND está delimitado por las características de los procesos de desertificación tal  y como son definidos  en el Art. 1 del CCD. Los límites  territoriales los establece el Instituto Nacional de Meteorología (I.N.M.), siguiendo las directrices del Convenio,  en  base  a los datos de precipitación y evapotranspiración en el período 1960-1990. Desde el punto de  vista climatológico, las áreas vulnerables y con alto riesgo de desertificación, en España, son aquellas donde la ratio P/ETP es:

0.05 < P/ETP  < 0,65

P = Precipitación;  ETP = Evapotranspiración potencial.

es decir, aquellos territorios o cuencas hidrográficas bajo condiciones de aridez y déficit de agua, más o menos acusadas. La cuenca hidrográfica, como unidad hidrológica, biofísica y socioeconómica para planificar y ordenar los recursos naturales, es la unidad territorial que el PAND considera como la más adecuada para la actuación.

 Fig. 5.  Grado de desertificación en España, por cuencas hidrográficas (Fuente: Ministerio de 
            Medio Ambiente. Dirección General de Conservación de la Naturaleza. PAND, 2001)

El Plan de Restauración Hidrológico-Forestal, de 1991, elaboró un mapa de subcuencas hidrográficas con una superficie media de 1.500 km2. De este modo el territorio nacional quedó dividido en 3440 unidades con una superficie adecuada para una primera aproximación al problema de la erosión, el más importante proceso de la desertificación en España.  El PAND  pretende  utilizar esta división en subcuencas (Fig. 5), ya empleada para los estudios sobre erosión, porque resultan unidades de estudio apropiadas para los fines que se persiguen y porque reproducen de alguna manera las características fisiográficas y socioeconómicas de las  grandes cuencas hidrográficas en las que están incluidas.

La metodología empleada  establece clases de intensidad para cada uno de los factores que determinan la  desertificación (aridez, erosión, incendios, sobreexplotación de acuíferos…), asignándosele a cada subcuenca una de estas clases para cada factor. La integración de  estos  valores mediante un Sistema de Información Geográfica (S.I.G.), ofrece, en una primera aproximación, una idea de lo afectada que está  cada subcuenca por el problema de degradación. De este modo se obtiene un primer grupo de subcuencas con desertificación muy acusada en las que es urgente intervenir. Otro grupo en el que los factores de desertificación son medianamente acusados, lo que indica que el proceso de desertificación se ha desencadenado. Un tercer grupo de subcuencas cuyos territorios aún conservan unos recursos naturales  aceptables, pero que potencialmente son susceptibles de desertificarse. Por último, las subcuencas restantes están libres del problema debido a sus condiciones climáticas más favorables.

(b) Las líneas maestras de acción para mitigar la desertificación.

La desertificación es un fenómeno complejo, por ello, combatirla requiere acciones en ámbitos diferentes y con niveles de aproximación también diferenciados.  Las líneas maestras de acción contra la desertificación, que pretende  desarrollar  el  PAND son:

·         Realizar un diagnóstico de la situación en España;

·         Definir una política general a escala nacional sobre la protección y gestión sostenible de los recursos de la tierra;

·         Identificar las relaciones entre la política de uso y gestión de los recursos básicos y otras políticas sectoriales  con influencia en la lucha contra la desertificación, planificando su integración eficaz;

·         Determinar áreas de actuación y líneas de acción específicas de lucha contra la desertificación;

·         Desarrollar mecanismos de coordinación institucional que impliquen la cooperación activa y eficiente entre las Administraciones Públicas;

·         Determinar el marco de participación de los agentes sociales, fomentando la divulgación, concienciación y participación ciudadana, el compromiso y la cooperación de todos los sectores implicados;

·         Mejorar las técnicas y procedimientos de análisis y diagnóstico que permitan la toma de decisiones, fomentando los planes  de investigación y desarrollo (I + D);

·         Insertar el programa de lucha contra la desertificación en el marco de la política europea, especialmente en conexión con la política agrícola y el desarrollo rural, la estrategia forestal, la política de aguas y la política medioambiental;

·         Impulsar las modalidades de cooperación científica y técnica internacional y, especialmente, en la región mediterránea.

Se trata, pues, de resolver o mitigar el problema a escalas cualitativa y cuantitativa mediante la transferencia de los resultados de proyectos de investigación, diseño de técnicas de mitigación y programas de demostración. Se pretende llevar a cabo la Ordenación de Cuencas y Subcuencas Hidrográficas como base para formular una propuesta coherente de usos del suelo que sea sostenible en relación a los recursos suelo, agua y vegetación. Establecer  una Agencia de Lucha contra la Desertificación, y crear un Centro de Información sobre la Desertificación, un Banco de Datos de la Desertificación y  una Red de Evaluación y Seguimiento de la Desertificación  basada en la ya existente para la evaluación de la erosión del suelo (RESEL).

Finalmente, el PAND pretende  la coordinación  con otros planes y programas  nacionales: Plan Hidrológico Nacional, Plan Nacional de Recuperación de Suelos contaminados, Plan  Nacional de Regadíos, Plan Nacional de Restauración Hidrológico-Forestal para el control de la erosión, Plan Nacional de Saneamiento y Depuración de Aguas Residuales Urbanas, Programa Nacional del Clima, Programa de Desarrollo Regional, Programa de Desarrollo de Zonas Rurales, Iniciativas de Desarrollo Rural-LEADER, Programa Nacional sobre el Clima, Estrategia Nacional para la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica, etc.). También con los internacionales  surgidos en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992), el de Cambio Climático y el de la  Conservación de la Biodiversidad.

Conclusión

La desertificación es, fundamentalmente, un problema de desarrollo sostenible. Es  un síntoma de un mal fundamental: la ruptura del equilibrio entre el sistema de recursos naturales y el sistema socio-económico que los explota. La aridez, las sequías, las fluctuaciones climáticas, por sí solas, no bastan para explicar el fenómeno de la desertificación.

Es un problema de bienestar humano, así como de preservar los ecosistemas y el medioambiente.  La crisis ambiental que representa la desertificación requiere una reconsideración radical del conflicto sociedad-naturaleza, pues no existe modelo de desarrollo sostenible que parta de una disociación de los asuntos humanos de los asuntos ambientales, de una falta de armonía en las relaciones hombre-naturaleza.

La valorización y correcto uso y gestión de los recursos naturales, especialmente de los vitales (aire, agua, suelo y vegetación), constituye la mejor medida para su explotación durable y conservación y, a la vez, evitar su degradación como soportes fundamentales de la vida, poner freno a todo lo que suponga depreciación y destrucción de los recursos vitales, percepción y evaluación de las crisis ambiental, económica y social que concurren en la desertificación, resulta fundamental para el establecimiento de programas de explotación durable de los recursos, en su conservación y, en definitiva, en lucha contra el riesgo de degradación que registra buena parte de los ecosistemas mediterráneos españoles.

Desarrollar y aplicar  modelos de desarrollo integral que consideren las afecciones  desencadenadas por la ruptura del equilibrio. Diagnóstico y previsión, evaluación permanente y detallada. Evaluación de los costos  y beneficios socioeconómicos y ambientales de las medidas de prevención y mitigación. Mentalización política y ciudadana.

Partiendo de esta premisa básica, se podrá pasar de una evaluación y tratamiento sintomatológico de los procesos de desertificación, que intentan  mitigar y solucionar problemas ya desencadenados, a unas políticas ambientales preventivas que integren, sistémicamente, medio ambiente y desarrollo. Gestionar sosteniblemente  naturaleza y medioambiente, es gestionar el presente y el futuro de la población española y, en general, de la humanidad.

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Francisco López Bermúdez, Departamento de Geografía (Universidad de Murcia). lopber@um.es


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualizado: 16/02/06